CARTA PÓSTUMA.

Voy recomponiendo mi vida hilvanando retales que voy encontrando de allí y de acá. Tejiendo una manta de pastchwork o al menos intentándolo. Hacer un todo de la nada para que algo en mi vida tenga un poco de sentido. Pero sé que él no me va a dejar; está al acecho.

          Entonces dejo la costura de lado y me dedico a pintar. Y voy desdibujando situaciones, aprovechando algunos rasgos que traslado a un lienzo en blanco, sólo para mí. Pero siempre logra llegar a destiempo, a deshora, hasta donde yo me encuentro; en mi mundo de color blanco. Y de nuevo comienza a garabatear para marcharse más tarde, mucho más tarde; cuando lo deja todo emborronado sin posibilidad al color. Y ahí queda mi dibujo; arrinconado, asustado, escondido tras ese revoltijo de trazos histéricos llenos de cólera.

          De nuevo retomo la tarea de rescatarlo de aquel cuadro que siempre termino odiando y lo sitúo, temporalmente (porque con él todo tiene un tiempo), en otro lienzo, pero esta vez más pequeño. Así cuando regrese tendrá menos espacio donde poder expresar su rabia. De esta forma conseguiré que el dolor sea cada vez menos grande al igual que mi mundo, que se irá reduciendo poquito a poco. Me iré haciendo cada vez más pequeñita hasta llegar a desaparecer.

          Algún día, cuando todo esto pase, de mí sólo podrán exponer: una manta inacabada y una serie de cuadros sombríos hechos por la mano de una mente enferma.

PD: Espero que no sea demasiado tarde.

Faustina Bertrán Bolaños.

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