LOS «DES» DE UNA BREVE HISTORIA.

Cuando termine este escrito, tal vez me de cuenta de que todo lo que he puesto sea un cúmulo de despropósitos, invitando a que alguien pueda desmentirme…

        «Se enamoró para desenamorarse posteriormente. Descorazonador, sí, desalentador, también; pero ¡qué se le va a hacer! Atar para desatar, unir para desunir… Se sintió desdichada, desanimada… Encontró al despiadado que la despojó de una bofetada de su realidad, desmaquillando sus sueños.

          »Y en un arrojo de rabia y valentía quiso desquitarse haciéndole pagar cada ofensa; pero esa bravura le duró segundos, ¡no iba a desaprovechar su tiempo y sus fuerzas en desmerecerlo! Así que optó por una actitud más prosaica: Para un deslenguado como él; una desmemoriada como ella».

          Porque todo lo que se dice se puede desdecir, aunque sea a las deshoras de los Babasónicos:

«… Y cuento las horas que no pase a tu lado,

Son como hojas de un papel blanco.

Y no quiero gritarte pero esto me tiene harta

Hasta el punto mismo de odiarte y sonreír a la vez…»

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