EL TIEMPO SIN NOMBRE.

Siento ser tan reiterativa o pesada, según queráis llamarlo, en las próximas líneas; pero estoy hasta las mismísimas narices de esperar:

            Esperar a que me crecieran unas tetas que parecían no tener prisa por dejarse apreciar bajo  aquellas camisetas de lycra para no aparentar diez años cuando en realidad tenía dieciocho.

            Esperar a que mi culo no creciera por su cuenta de una forma descontrolada acaparando la atención del sexo contrario cuando les daba la espalda.

            Esperar a que los brackets hicieran su función para que una mano no ocultase la sonrisa tras ella.

            Esperar a escondidas para verte salir cada martes de tu entrenamiento de fútbol para después… marcharme a casa con el propósito de que la próxima vez tendría el valor de abordarte y decirte: «te quiero», ¡qué digo! «te quiero desde hace muuuchooo tiempo».

            El caso está en que no me gusta esperar pero bien parece que esa palabra ha ido dirigiendo mi vida desde los inicios hasta el día de hoy. Y porque cuando creí que el tiempo de espera había terminado me encuentro aquí sentada a la espera de una conversación pendiente contigo. Sé lo que me vas a decir y aún así no tengo preparada una respuesta que pueda demostrar que no me importa, que yo también necesito tiempo para saber si nuestra relación tiene algún sentido o simplemente es el cansancio por tanto años de conocernos.

            Mientras espero, me he puesto a pensar que si no tengo una respuesta es porque no la necesito. Eres tú el que quieres hablar-me, eres tú el que quieres abandonar-me, eres tú el que tienes que explicar-me el porqué. Yo solo tengo que escuchar-te, odiar-te e intentar olvidar-te. Porque de eso se trata: de ti y de mi (más de ti). Yo me he dejado llevar, no he visto necesidad de retirarnos cada uno a su esquina tras sonar la campana para descansar de un asalto. He permanecido en la lona del cuadrilátero de 6,10 m²  para finalizar el combate, pero tal parece que tú has preferido desaparecer, compartir el mismo espacio conmigo te era ya insoportable en los últimos tiempos. Y es ese odioso tiempo el que te ha obligado a echar la vista atrás, a sopesar las ventajas y los inconvenientes para poder continuar. Sé quién ha ganado por eso creo que es innecesario volver  a la provocación. Es hora de de dar por terminada la rivalidad que se ha instaurado entre ambos como tercer elemento de discordia esperando que la campana nos dé un respiro, haciendo que los 60 segundos reglamentados no prevalezcan sobre las ansias de una paz duradera.

            Y de nuevo regreso al tiempo, que dicen desespera, y al que nunca he sabido como darle esquinazo. Porque, aunque no lo creáis, él nunca se detiene, no hace pausas, no se queda parado en una esquina  observando cómo nos enzarzamos en posibles que no tienen fin, no camina a nuestro lado, no es nuestro amigo ni nuestro mejor consejero, no es un tiempo del que te puedas fiar.

            Pero aquí estoy, compartiendo con él techo y cama porque ahora sí es lo único que me queda; el tiempo de:

E stoy

S ola

P erdida

E namorada

R abiosa

A bnegada

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