EL AMOR ACABA.

Se nos rompió el amor. De esta forma tan original mi pareja se deshizo de mí. No me cayó de sorpresa que utilizara una canción de Rocío Jurado para hacerlo, el aparato de música no paraba de sonar día y noche con todos sus éxitos.

Más de una vez se quedó ronca en medio de una canción, o comenzaba a tartamudear: «se… se… nos… rom… rom…pió…» ¡Pobre, daba una fatiga! Mi entonces pareja, se dirigía rápidamente al aparato, le daba unos toques —como si se los estuviera dando a la propia cantante— el aparato se recomponía de una forma extraña, que nunca he llegado a comprender, y Rocío volvía a su ser: «… de tanto usarlo…. » Es lo mismo que ocurre cuando te encuentras con un farfalloso, ¿no os entran ganas de darle unas palmaditas en la espalda? Es como si con ese gesto consiguiéramos que arrancara de nuevo a hablar sin problema. Lo que ocurre es que con las personas no surte el mismo efecto.

El caso es que comparó a nuestro amor como si se hubiera caído al suelo un vaso y se hubiese hecho añicos. «Se nos rompió… de tanto usarlo» y es que mi ex pareja, es de mucha metáfora —subliminal—: ¡Vamos, que me estaba dejando y yo no conseguía ver las señales! «…jamás duró una flor dos primaveras…» Pero ¡qué demonios me está diciendo! Y ella a lo suyo: «…pero el invierno llega aunque no quiera…». Me miró fijamente por unos segundos y me dijo: «Te deseo lo mejor, adiós». Fue ahí, exactamente, cuando logré darme cuenta de que lo nuestro había terminado y antes de que alcanzara la puerta pude dedicarle unas palabras: «Yo a ti también, hasta siempre». Y es que aunque estuviese con cara de abobado durante su monólogo explicándome las causas de nuestra ruptura y que —a día de hoy aún no tengo muy claro cuáles fueron— uno también entiende de figuras retóricas.

Debo confesar que a veces —solo a veces— la echo de menos, es la única persona que ha llegado a desquiciarme de tal forma que he llegado a temer en ocasiones por mi salud mental. Su control sobre todas las cosas y sobre mí hacía que nuestra convivencia fuese una bomba a punto de estallar. Pero lo que aún me estoy preguntando es por qué fue ella la que puso fin a la relación, si era yo el que no la soportaba. Será que me malacostumbré a hacer oídos sordos cuando estaba con ella. Entre su forma de hablar —que no había un carajo quién la entendiera— a Rocío Jurado de fondo diciéndole: «Es un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso…» generé un trastorno infantil de mudez selectiva que llegué a parecer mudo en su compañía.

Ahora ya, alejado de tanta retórica, mucho más tranquilo y después de haberme leído dos libros de Eckhar Tolle, estoy escribiendo desde mi YO más interno «Practicando el poder del ahora». Tampoco creáis que me voy a pasar con tanta espiritualidad no vaya a ser que en una de estas comience a levitar y es para lo único que aún no estoy preparado.

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