SOLILOQUIO.

 

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Foto de Antonio Hernández Moreno.

 

EL RECUERDO DE LO QUE FUI.

 

Esta vez voy a ser breve y concisa: no me gusta lo que hay a mi alrededor con lo que he creado un mundo paralelo al existente sólo para mí; resumiendo mi pesar en una frase de Carl Rogers: «Cuando miro al mundo soy pesimista, pero cuando miro a la gente soy optimista».

          En qué día la humanidad optó por la mezquindad, la soberbia, la prepotencia, la calumnia, el engaño… Podría pasarme horas describiéndonos. Sí, yo también entro en el saco porque buscar la perfección en cuanto a sentimientos es harto complicado. Podemos llegar a ser destructivos pero también amorosos y considerados, todo depende de la educación. Es lo que viene a decir Wilhem Reich en su cita. «Solo la liberación de la capacidad natural del amor de un ser humano puede contrarrestar su destrucción sádica». Comprensible y confuso al mismo tiempo.

          ¡Ay los sentimientos, las emociones! Lo enmarañan todo. Forman un intrincado laberinto de satisfacción-desagrado, dicha-abatimiento, conveniencia-catástrofe, paz-desasosiego. Porque el bienestar conlleva irremediablemente al conflicto. Hasta en la escritura musical queda reflejado de tal forma: armonía —relaciones verticales entre las notas musicales—, contrapunto —desarrollo horizontal o lineal—. Se podría decir que cualquier estado emocional tiene su opuesto.

          Ahora que está tan de moda la inteligencia emocional podría citar a Sigmund Freud: «Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas». El coraje, la rabia, la envidia; virtudes —un tanto polémicas—  si no las empleamos con fines terapéuticos —podría decir, aún sabiendo que puedo caer en el error— y no las exteriorizamos en su debido momento, con el tiempo se convierten en carcoma, consumiendo y arrasando lo poco de bueno que va quedando en nuestro interior. Lo mismo ocurre con la lealtad, la estima, el afecto, el amor; si no se racionan debidamente —dando y recibiendo la dosis justa y necesaria— podemos o pueden incurrir a las ya mencionadas anteriormente; pero en su lado más negativo.

          Con todo esto quiero decir que acarreamos en nuestro ser con dos posturas totalmente contrarias pero que al mismo tiempo se atraen y no hay forma de que una pueda subsistir sin la otra. Todo es encontrar la equidad, de darles su lugar, sin desmerecer lo que cada una puede aportar a nuestro enriquecimiento como personas.

         Y como despedida, déjenme compartir una frase del filósofo Iván Pávlov: «Nunca pienses que lo sabes todo. Por muy alto que te valores, ten siempre el coraje de decirte a ti mismo: soy un ignorante».

                                                                        Gracias por esta terapia de grupo.

4 comentarios en “SOLILOQUIO.”

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