MECANISMO DE DEFENSA.

 

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                                                                                             Foto de Antonio Bermúdez Rosales

 

LÁGRIMAS EMOCIONALES.

 

Se puede llorar de tristeza, dolor y también de pura felicidad. ¿Qué contrariedad, no? Ya que a las lágrimas se las relaciona, en su mayoría, con circunstancias negativas. El llanto junto con el bostezo, el hipo o la pérdida de memoria son mecanismos de defensa. El llorar —según estudios científicos— es una herramienta de protección emocional, cuya función es distraer a la persona del dolor que había experimentado; y llorar de exultación ayuda a mantener un equilibrio ante situaciones de felicidad extrema, necesitamos recuperar  la tranquilidad, la normalidad ante un desbordamiento de emociones y las lágrimas favorecen a ello.

            Y tras esta introducción —no excesiva pero sí necesaria— para vislumbrar y comprender —esto último se lo dejo a vuestra capacidad de empatía— os invito a que seáis conocedores de lo que estoy viviendo. Para ello, debo comenzar diciéndoos que durante mis últimos cinco meses, río y lloro de igual forma, indistintamente. Os explico:

            El 21 de marzo nos dan la gran noticia de que estamos embarazados ¡UFF! Nos ponemos a saltar como locos en la consulta del médico —llevábamos varios meses intentándolo— con lo cual imaginaos lo que supuso para nosotros el anuncio de que en unos meses un nuevo miembro llegaría a nuestras vidas; desdoblando un todo en tres elementos. Lloro de felicidad.

           El abdomen comienza a crecer y a redondearse, ya no se puede ocultar la tripa. Pasa el tiempo y la cintura sigue ensanchando, Jimena se hace notar aunque —a medida que pasan las semanas— cada vez menos ya que casi no le queda espacio. Me encuentro pesada, hinchada, me levanto varias veces en la noche para ir al cuarto de baño, no duermo bien, en definitiva: me veo fea. Lloro de impotencia.

        Javier es único para subirme el ánimo, me mima, me consiente y cada vez que acaricia a Jimena —que aún está dentro de mí— lo hace con tanto amor y tanta delicadeza que de nuevo las lágrimas hacen acto de presencia. Lloro de alegría.

          Estoy en la habitación con Jimena en mis brazos. Javier no ha podido asistir al parto ya que se encuentra de viaje. Lo he llamado al móvil: «estamos bien, te esperamos, Jimena tiene ganas de conocer a su papá» le digo. Lloro de gozo.

          Pasan varias horas y Javier aún no llega. Debería haberse sido en el AVE pero se empeña en llevar el coche: «tranquila cariño, conduzco con cuidado». Siempre me responde lo mismo cuando le insisto en que se pasa media vida en la carretera. Pero está tardando demasiado. Cojo de nuevo el móvil para… en ese preciso momento, mi madre entra en la habitación acompañada de un médico que hasta ahora no había visto.

           —Será mejor que me des a la niña —me dice— arrullando a la bebé.

        —¿Ocurre algo? —pregunto. La noto nerviosa y con los ojos enrojecidos, como si hubiera estado llorando antes de entrar.

            El médico se acerca a la cama, me coge de la mano; yo no sé a qué viene todo esto. Mientras, una enfermera me ofrece una pastilla con un vaso de agua «Toma, cariño, te irá bien». No sé por qué extraña razón mi cabeza me hace preguntar por Javier. Mi madre —que ha ido retrocediendo hasta arrinconarse contra la pared. Como si quisiera estar lejos de mí, como si no deseara escuchar por segunda vez lo que ya sabe—comienza a llorar, mojando la carita de Jimena con sus lágrimas, que no son basales ni reflejas. Sigo sin entender, o en realidad no quiero darme cuenta de lo que ocurre exactamente.

     —Ha ocurrido un lamentable suceso —el médico—. Su marido —me sujeta fuertemente la mano entre las suyas— ha tenido un accidente de tráfico.

            Sonrío, la angustia  no me deja entrever lo que sucede.

           —Lo siento mucho… —pausa—… ha fallecido.

      Las siguientes semanas las paso bajo fuertes sedantes. Estoy confundida, experimento pérdida de memoria, y tengo cambios bruscos en mi estado emocional. Río y lloro indistintamente, como ya dije en un principio. Los llamados mecanismos de defensa.

        Ahora entenderán por qué se puede llorar de felicidad y de dolor a un mismo tiempo: Jimena es la vida que le fue arrebatada a Javier, el eslabón de mi cadena.

2 comentarios en “MECANISMO DE DEFENSA.”

  1. Me ha llamado la atención la fotografía porque es mi hermano quién la ha hecho. Y he dicho, que buena es. Cuando he leído el relato, me he quedado perpleja, muy pero que muy emocionante. Según lees quieres llegar al final a ver qué pasa. Las fotografías son el alma de lo escrito. Enhorabuena.

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