LA CUENTA ATRÁS

 

FB_IMG_1545039000925

Foto de Antonio Bermúdez Rosales.

 

EÓN

 

El tiempo me ha hecho ver, pararme a pensar, dudar, confirmar, sospechar, darme cuenta, a darle su tiempo… porque él también lo necesita: «Dar tiempo al tiempo». Y en ese transcurrir, en el que estamos a la espera, él nos va robando nanosegundos —unidad de tiempo a la mil millonésima parte de un segundo— que va acumulando hasta obtener 1 s. Amontona 60 y los convierte en 1 min. Almacena otros 60 y los transforma en 1 h. Apila 24 y las cambia por 1 día… así sucesivamente. Mientras que él va sumando nosotros por el contario vamos restando.

        Imperturbable ante las manecillas puntiagudas girando sobre el dial compuesto por la numeración. Carente de corazón y obligado a tener alma —muelle o mainspring— para subsistir porque sin ella no es nadie y nosotros sin él tampoco. Es en esos artilugios donde nos vemos reflejados, en su cristal —cubierta sobre el dial— cada vez que nos asomamos para entender del porqué se nos ha hecho tan tarde o si aún es demasiado pronto. Todo gira prácticamente alrededor de él. Podemos transfigurarlo embelleciéndolo con un bisel plateado, subesfera, correa de titanio, cristal de Zafiro… pero nunca dejará de ser una máquina controladora, subyugante y altamente cualificada para ejercer sobre nosotros la angustia de entender que no somos eternos. Ahí nos damos cuenta que haberle echado un pulso ha sido de arrogantes  porque él,  inexorablemente continuará sumando, apropiándose del tiempo de otros.

        Al mismo tiempo la expresión: «Dame un minuto» le provoca una risa denigrante con el único propósito de ridiculizarnos. Él sólo se limita a sustraer ese minuto que hemos pedido a otra persona y concedérnoslo. Nos hace ser ladrones de nuestro propio tiempo, partícipes de un engaño, de una burla que nos hace más vulnerable ante sus ojos vidriados.

       Y como «el tiempo no pasa en balde» y con «el tiempo todo se acaba» no queda más remedio que seguir hipotecados por cada movimiento que marca nuestra permanencia. Porque «el tiempo todo lo trae y todo se lo lleva».

      De esta forma logramos un objetivo; que no es otro que el de haber cumplido 365 días con nuestros contratiempos, percances, tropiezos, errores, imprevistos… Alegrías, dichas, suerte, felicidad, fortuna… Un sinfín de emociones de índole afectivas que nos sobrevienen por sorpresa y que suelen ser pasajeras. Así que observemos el reloj por última vez y vivamos el primer segundo de un tiempo que estar por llegar seguros de que en su caminar lento siempre habrá una silla donde sentarnos y verlo pasar. Porque «De Navidad a Navidad sólo un año va».

                                           FELICES FIESTAS A TODOS

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s