INSERVIBLE.

FB_IMG_1554111381270                                                                                            Foto de Antonio Bermúdez Rosales.

 

 

 LA MUÑECA DE TRAPO

 

Camino sin saber muy bien qué dirección tomar. Hoy todas las calles me parecen iguales, sembradas de edificios construidos por manos voluntariosas pero sin un ápice de buen gusto. Ventanas que se asoman al exterior para visionar lo que ocurre fuera de ellas porque en su interior, a veces, no les gusta lo que ven.Y se cierran, por miedo o precaución, dejando el dolor atrapado entre cuatro paredes. La asfixia de no ventilar el alma pudre a las personas, las deja inservibles, deterioradas, inútiles, rotas… inaprovechadas. Ya nadie puede recomponer al ser, las piezas no encajan en la figura original, los bordes se han ido esculpiendo a fuerza de rechazos creando una falsa copia.

Giro sobre mí misma aunque no sea la misma, pero sigo siendo yo. Mis pies solo quieren andar, recorrer la distancia que marca la diferencia entre permanecer o disiparse. Ellos no tienen miedo así que me arrastran hacia algo de lo cual no estoy muy segura de si va a ser mejor. Huir  es de cobardes, dicen, sin pararse a pensar que en ocasiones es instinto de supervivencia. Yo no me marcho, huyo, sí, y no me importa admitirlo. Como tampoco importa ya las posibles represalias que pueda acarrear mi huida. Ya no hay nada más que destruir en mí, se ha encargado de vaciarme, de darme la vuelta para no ocultarle nada: ni al derechas ni al revés. Como si me hubiese colgado cabeza abajo para abrirme en canal y ver mis entresijos, porque podía estar guardándome algo que él desconocía, o estarle mintiendo cuando me obligaba a decirle: te quiero.

Porque yo si lo he hecho, le he querido, y pienso: «Cómo hemos podido desaprovechar tantas oportunidades para ser felices». Ahora no estaría sola y él tampoco. Nos hemos convertido en dos seres errantes por voluntad propia, llegando al punto donde se bifurca nuestro camino. No me llevo nada porque no tengo nada qué llevarme y si lo tuviese tampoco acarrearía con ello. Solo yo, una muñeca de trapo a la que tengo que coser las roturas. Gracias a mi madre —que insistió cuando era una chiquilla para que fuese a clases de costura— no me será tan difícil recomponerla: una puntadita aquí otra allá y lista. Puntada escondida, claro, para que no se vuelva a abrir la costura. Con paciencia, estirando el hilo con delicadeza para que no se rompa y asegurándolo con un nudo —cuando haya terminado— para que no se escape.

Necesitaré tiempo, quizás más del que quiero pensar. Continúo andando, pararé cuando mis pies me digan que debo detenerme, antes seguramente sería una imprudencia. Ya no tengo ventanas que me aíslan y cuanto más me alejo más se me abre la mirada. Ocurra lo que ocurra en un futuro hoy me ha encantado volver a pasear.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s