Una historia más

Amigas mías.

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Elia castro Gordillo

Desde éste pequeño rincón, os mando mucho ánimo a todos los que permanecéis en vuestras casas cumpliendo tan dura pero necesaria cuarentena.

Éstos tres son los últimos capítulos del libro Amigas Mías, espero que os haya gustado. Ahi os mando el libro completo en pdf por si os es más cómodo  descargarlo entero o leerlo de seguido. Muchas gracias.

Un saludo.AMIGAS MÍAS

 

 

 

 

 

30

 

«Creo que te debía una cena» me dice. Me quedo pasmada cuando al entrar al salón veo una mesa correctamente vestida para dos. Hasta ha puesto de centro un envase de cristal —que cuando lo miro detenidamente me doy cuenta que es un bote de conserva— en el que ha introducido una vela rodeada de cerezas.

            —¡Me encanta! Es un detalle muy rústico.

            —Lo has dicho con retintín o es lo que he creído escuchar.

            —Jajaja, es que me parece encantador el detalle cariño.

            —No te lo creerás pero me he pasado media tarde cocinando y viendo tutoriales de cómo poner una mesa romántica.

            —Y te lo agradezco corazón.

            —Ya puedes porque he tenido que salir a última hora corriendo al supermercado para comprar las cerezas. Y menos mal que había porque la chica de la frutería me ha comentado que su tiempo es a finales de mayo.

            Le doy un beso, el primero, porque estoy convencida de que no va ser el último.

            —Cámbiate, yo voy sirviendo el vino.

            Entro corriendo en la habitación. Tengo que vestirme acorde con la situación, la última vez fue en pijama y no me apetece repetir conjunto. Enseguida me viene a la cabeza el vestido que tenía preparado para aquella ocasión y que tuve que colgarlo de nuevo en el armario sin poderlo lucir, así que es el apropiado. Retoco un poco el colorete y la sombra de ojos, quiero crearles profundidad. Estoy lista en tiempo récord. Reaparezco y la cara de Pedro me da a entender que he acertado de pleno. Se acerca.

            —Sensacional —susurra.

            Me tiemblan las piernas, hace años que no había vuelto a tener esa sensación. La sensación de sentir que te desplomas si no te sostribas en algo. Así que me aferro a él y le propino el segundo beso de la noche. En algún momento de la vida se me olvidó por completo la forma de amar de Pedro. Es tan sutil que pudo ser que un día dejara de notarlo. Pero siempre estuvo, fui yo la que no supo verlo. Las arrugas del contorno de sus ojos han ido marcando la cantidad de días que llevamos juntos. Mucho más que meses o años porque la vida se debería de contar por día vivido; —y si no que se lo digan a Nuria—. Su voz es la misma de siempre, cálida, suave pero sin ser débil, relajante, que se escucha con agrado, Pedro son de esas personas que tienen buena calidad vocal porque no sólo depende de la fisiología de la voz sino también de su personalidad. Me alegro de que aquella tarde tuviera el valor de llamarlo, de otra forma la distancia se hubiera hecho extensible en el tiempo y quién sabe en qué hubiera podido desembocar. El contacto de sus manos en mi piel es semejante a la esponja de mar para bebés. Hoy las siento más que nunca, provocándome un aluvión de sensaciones que ejerce de fuerza centrífuga alrededor de mi eje fijo; él. Inamovible e inalterable, contrarrestando mi volubilidad. Me levanto —creo que debo ser yo quien dé el siguiente paso—, acomodándome en su regazo, besándolo… —¿Cuántos les llevo dados? Cuatro, cinco, seis, he perdido la cuenta—. Su corazón se acelera, a horcajadas sobre su cintura nos encaminamos hacia el santuario, al Templo, originando su significado por la cantidad de veces en las que allí se han producido hechos divinos; no cumpliendo con menos el de beatificar y su posterior canonización a los responsables que los han hecho posibles. Esta vertiente sacrílega se la debo a Sofía. No niega la existencia de Dios pero le es incompresible a todos los niveles —agnóstica— o directamente niega su existencia —atea—. ¡Uff! Ahora mismo no tengo la cabeza para pensar en otra cosa que no sea en complacer los reclamos de mi flagelador. Con todos mis respetos.

31

Salgo de la consulta un miércoles más. Cuando mis pies tocan las baldosas del acerado me gritan por  la espalda: «¡Sorpresa!» Me doy la vuelta y las veo ahí paradas, esperando a que diga algo.

            —¡Vaya! ¿Qué hacéis aquí?

            —Hemos decidido pasar a buscarte. No te molesta ¿verdad?

            —Todo lo contrario —digo. Me parece increíble vuestra ocurrencia de venir hasta aquí.

            —Tampoco está tan lejos… si hubiéramos tenido que ir a Santander nos lo hubiésemos pensado un poco más —alega Nuria.

            —Y ahora qué… decidme, qué tenéis pensado que hagamos. —Abrazo a Nuria, hace semanas que no la veía—. Estás estupenda con tu cabeza pelona.

            —Gracias. Es la primera vez que salgo a la calle de esta forma —tocándose el pelo que le está creciendo—. Aún está muy corto pero: «Algo es algo, dijo un calvo, cuando un pelo le salió».

            —Siempre con tus chascarrillos.

            En ese momento Patricia, que avanza dos pasos por delante de nosotras se para en seco. Mira hacia atrás y su cara es todo un poema.

            —¿Qué ocurre? —pregunto. Es como si hubieses visto un fantasma.

            No lo es; es de carne y hueso y está justo detrás de ella. No hay escapatoria, aunque nos quedemos rezagadas unos segundos, el cruzarnos se hará inevitable. Supongo que a él le ocurre lo mismo, evita el encuentro pero como a nosotras no le queda otra opción.

            —Hola —saluda sin mostrar entusiasmo alguno.

            —Hola —respondemos al unísono.

            —Cómo estás —pregunta en singular, refiriéndose a mí. En dos palabras ha obviado la presencia del resto.

            —Bien —respondo. ¿Y tú?

            —Mejor.

            Ese «mejor» qué significa: «Cuando me dejaste me quedé hecho polvo y lo estoy superando» o «Al desaparecer me he dado cuenta de que estoy mejor sin ti». Ninguna de las dos son muy halagüeñas que digamos.

            —Me alegro.

            —Bueno, se me hace tarde —aproximándose— me ha gustado volver a verte.

            —Igualmente.

            Su cercanía me tensa haciendo que clave las uñas en el brazo de Nuria que en ningún momento me ha soltado.

            —Adiós Sofía.

            —Adiós Cristóbal.

            He sido una ilusa pensando que mi calvario había terminado. De repente; Ana Laura sale corriendo del portal pañuelo en mano, ¡se me ha debido de olvidar en la consulta!

            —Te has dejado olvidado el pañuelo y como hasta dentro de quince días no nos volvemos a ver… —Se percata que no estoy sola— ¡Oop! lo siento, no me dado cuenta de que estabas acompañada. Siento la intromisión.

            Cojo el pañuelo.

            —Hola Ana.

            ¡No me lo puedo creer!

            —Hola Cristóbal.

            ¡Se conocen! Yo, contando mis intimidades a una de sus amigas. Ana Laura se siente incómoda y decide marcharse cuanto antes. La situación creada es un tanto embarazosa. En cuestión de segundos la calle está muy concurrida, pareciera que Laredo no tuviera otra vía por donde transitar esta tarde. Cristóbal y yo nos miramos mutuamente queriendo obtener respuestas a las preguntas que nos hacemos telepáticamente.

            —No sabía que…

            —Ni yo que fuese amiga tuya. De haberlo sabido no te quepa la menor duda de que…

            No me deja continuar, cortándome de raíz.

            —No lo es. Simplemente es una conocida. Es la mujer  del dueño del restaurante del que te hablé. Pero para qué te voy a dar explicaciones, diga lo que diga no me vas a creer. Lo dicho: me alegro de verte.

            —Lo siento —le digo a su espalda, ya que se ha girado para continuar con su camino. Se voltea.

            —Adiós Sofía.

            No quiere más disculpas. Patricia que se ha mantenido al margen, guardando las distancias y entiendo el porqué, me coge del brazo que queda libre ya que el otro ya tiene dueña.

            —¿Estás bien cariño? —pregunta.

          —Supongo, he vuelto a meter la pata. Debería saber cómo cerrar esta puñetera boca antes de enjuiciar.

            —Eres demasiado rigurosa contigo misma.

            Mi silencio lo dice todo.

            —Bueno, podríamos decir que has sido un poco brusca.

            Nuria me mira como diciéndome: «Como no es suficiente, tú arroja más leña al fuego».

            —El mal ya está hecho así que tengo dos alternativas: dejo que continúe pensando  que soy una arpía o le hago entender que está confundido.

            —Mujer, yo elegiría lo segundo ¿verdad Patricia?

            —Claro, claro, por supuesto.

            —Esperadme aquí un momento por favor.

            Deshaciéndome de los fórceps que me tienen sujeta por ambos brazos salgo tras él. Le llamo  pero parece no oírme. Cuando ya estoy más cerca  hago otro intento. Se vuelve a mirar atrás.

            —Quería disculparme por lo grosera que he sido contigo.

            —Ya lo has hecho, no tienes por qué hacerlo una segunda vez.

            —Lo haré las veces que hagan falta —aptitud resolutiva—. No voy a consentir que sigas pensando que soy una mujer insensible, avinagrada  en incluso…

            —Yo nunca he pensado eso de ti.

            —De acuerdo, pero…

            —Sofía, de verdad, no hace falta.

            —¡Me quieres dejar hablar de una vez! —grito.

            —Sí, desde luego —acierta a decirme debido a la rudeza de mis palabras.

            —Bien, gracias —insuflo aire—. Retomando donde lo he dejado: no soy una mujer intratable.

            Cristóbal me mira sin dar crédito.

            —Mi gran error ha sido permitirme el lujo de estar contigo sin solucionar el problema de inseguridades que tenía. Salté sin paracaídas y me estrellé. De lo que más me arrepiento es de haberte arrastrado conmigo en la caída. Nunca me cansaré de pedirte perdón por ello. Estoy yendo a terapia y me está ayudando a vencer esos miedos. No me importa confesarlo, aunque ya te lo habrás imaginado cuando has visto a Ana de Laura darme el pañuelo. Entiendo que es algo difícil de encajar pero no te estoy pidiendo que volvamos, ni tan si quiera que me perdones porque no tengo derecho a tal cosa. Tan solo quería que lo supieras nada más. Necesito tiempo, un tiempo de estar conmigo misma, de conocerme para darme a conocer. No sé si me explico, no quisiera que se malinterpretara lo que intento decir.

            No dice nada, se mantiene en un silencio intimidador.

            —Pues eso es todo.

            En un gesto inesperado, me toma de la mano, me lleva hacia él —de nuevo ese olor que me desestabiliza— me besa en la mejilla. Es un beso que dura más de lo establecido y mucho menos de lo deseado.

            —Gracias. Llámame cuando estés de vuelta, me encantaría que algún día me presentases a  la nueva Sofía. Aunque esta que conozco me gusta mucho.

            —Eres demasiado paciente conmigo.

            —En una ocasión te prometí que cuidaría de ti.

            —Pero no te creí.

            —¿Y ahora?

            —Ahora sí.

            Suelto la mano que aún permanece entre las suyas, y con una sonrisa abandono el lugar. Cuando llevo recorrida media acera miro hacia atrás por curiosidad. Permanece inmóvil. Llego a la altura donde dejé a las chicas esperándome, hasta ahora no me he acordado de ellas ¡pobres!

            —Espero que en la media hora que llevamos esperándote te haya dado tiempo a solucionar el problema —me recrimina Patricia.

            —Y me ha sobrado —respondo.

            —¡Ah! encima con ironía.

            —Yo creo que deberíamos volver a casa. ¿Te importa que regrese con Sofía?

            —Muy bien pensado Nuria, así te cuenta por  el camino  mientras que yo me devano la cabeza haciendo cábalas.

            —No te quejes, refunfuñona, os ofrezco un vino en mi casa cuando lleguemos.

            —No cumples con menos.

            Sigo alcanzando metas, cumpliendo objetivos. El destino, la casualidad, la afortuna —da igual como las llame— se han alineado para completar un tres en raya. Esta vez no he desaprovechado la oportunidad, con cautela pero sin quitar el dedo del renglón —como bien diría Nuria influenciada por Diego y sus frases ocurrentes—. No hay nada más gratificante que recuperar la identidad.

CIERRE

Desde mi rincón favorito

Las aguas vuelven a su cauce, por más que intentemos evitarlo poniendo muros a su impetuosidad nunca se detendrá ante ellos. Es tan sencillo como dejar que sigan su curso, que la corriente arrastre limpiando el fondo de légamo.

            Hoy estrenamos mes y hace nueve días estación. Son las 9 h de la mañana y el sol —sin permiso— se adueña del cielo. Hace unos meses me conformé una pequeña zona a la que transformé —ahora se llama customizar— dando como resultado un espacio resultón. Con unos caballetes en madera lacada en blanco, un tablero —que es una puerta antigua que pinté en turquesa— y una silla en un rojo vivo, creé un escritorio muy vistoso. La última pieza en sumarse al conjunto fue mi querido ordenador.

Las cortinas, recogidas a ambos lados de la ventana, hacen que esta, —al ser de doble hoja— puede abrirse en su totalidad. El verano aporta luminosidad a la estancia con lo que no es necesario encender el flexo; contrariamente a lo que ocurría en los opacos días de invierno. De vez en cuando, la suave brisa me trae el olor a mar y se entretiene jugueteando con las cortinas, que en su liviandad se dejan mecer emulando a las olas: ahora van, ahora vienen… Calma.

Así somos

Julia comienza una nueva etapa. Finalmente Miguel, tras un divorcio express, se ha liberado del yugo opresor. Han sido meses de lucha y de renuncias para poder presentar conjuntamente una demanda de divorcio. Como había un hijo en común, el Ministerio Fiscal ha tenido que ser parte en el juicio —defendiendo los derechos del menor y dando conformidad a los acuerdos que han alcanzado los padres—. Tras la ratificación del Juez, han quedado legalmente divorciados. Durante el tiempo que ha durado el proceso, Miguel ha aprovechado para hacer la mudanza de todas sus pertenencias a casa de Julia. Su relación cada vez está más consolidada.

El acercamiento entre ella y Sofía aún no se ha producido. Creo que lo más apropiado es dejar que algún día comiencen a echarse de menos. —Yo aún no he perdido la esperanza—. Y es que Julia puede aparentar ser una mujer dura e inflexible pero su corazón es un pastel de gelatina de frambuesas, ofreciéndotelo en copas con unas hojitas de menta durante todo el año. Sofía —buscando su propia felicidad— dio un muerdo a ese postre haciendo que se tambaleara en consistencia. Por todos es sabido que la gelatina se debe enfriar muy lentamente  para solidificarse, para ser de nuevo resistente. Necesita su tiempo porque el acaloramiento persiste por la supuesta deslealtad. Por otro lado, la grenetina —necesaria para que  este fenómeno suceda— se ha puesto a trabajar obteniendo buenos resultados: comienzan a cuajar sentimientos que se han ido recuperando del anteayer.

Nuria, mi querida Nuria. Me tiene totalmente rendida a sus pies. Es más, con el nivel que se marca a la hora de expresarse —parece recién salida de un internado de señoritas— ha logrado que nos quedemos con la boca abierta cada vez que habla. Aunque dudo que esto vaya a durar mucho más; los exabruptos comienzan a abrirse paso entre lo remilgado. Tienen una lucha constante, veremos quiénes ganan al final. Pero si se trata de ganar, aquí solamente hay una persona digna de llevar el sustantivo de Ganadora y es ella. Siempre ha sido una luchadora pero en estos últimos tiempos ha tenido que hacer acopio de esas fuerzas que tenía en la reserva. Está genial con su nuevo look y es que no hay nada como llevar las canas con elegancia o como se les nomina en ambiente fashion: cabello plateado. Es la última tendencia y muchas mujeres de renombre como blogueras, actrices, se están tiñendo su pelo en un blanco grisáceo. El hacer ese cambio radical conlleva un proceso en el que se puede tardar aproximadamente un año en conseguir un pelo canoso natural. Nuria ha conseguido estar a la moda sin proponérselo. Es una mujer versátil, con una enorme capacidad de adaptación minimizando los contratiempos que pueden surgir en su nuevo camino. Es nuestro alter ego sin restricciones ni cláusulas en letra pequeña. El alma que sobrevuela nuestras vidas, la que nos guarda de perdernos en la individualidad haciéndonos partícipes de un conjunto finito formado por cuatro elementos: Julia, Nuria, Sofía y Patricia. Disparidad de caracteres pero con un factor en común: la amistad.

Sofía sueña con duendes. Tal vez porque ella sea un hada con doble alas de mariposa. Un día la desprotegieron del polvo de sus enormes pero quebradizas alas y no pudo emprender el vuelo nunca más. Ahora comienza a remontar, se atreve a levantar sus pies unos centímetros del suelo planeando a ras de suelo. Pero estoy convencida que esos centímetros se harán metros con el tiempo —yo siempre estaré a su lado para impulsarla—; aunque ya ha conseguido un compañero de viaje. Sé que nunca la va a soltar de la mano, Cristóbal es su Peter Pan.

Hace un par de semanas se enfrentó a la prueba de presentar a Cristóbal a la verdadera Sofía, como se lo había prometido. Animada por todas y por Ana Laura —a excepción, claro, de Julia— se encaminó hacia el paraíso en el que una noche fue inevitablemente feliz. Halló las puertas abiertas de par en par, sin reclamos, sin quejas, sólo una: «Bienvenida a tu casa, me alegro de que estés de vuelta» como recibimiento. Desde entonces, la confianza ha ido ganando terreno, afianzándose a la estabilidad emocional que le otorga Cristóbal. Desde la serenidad de saber que el presente es lo realmente importante, no es necesario remover fantasmas que vengan a enturbiar la tranquilidad que se respira. Tiene presente que la relación que mantiene con Cristóbal no va a facilitar una posible reconciliación con Julia; como bien dice ella: «Será cuando tenga que ser. El tiempo es muy prudente y si considera que aún es muy pronto habrá que tener paciencia. No es aconsejable adelantar las manecillas del reloj cuando realmente esos minutos se están por vivir». Y no tengo otro remedio que darle la razón. «Todo está por llegar» acaba diciendo.

Patricia Valadés de las Heras, no quiero autorepresentarme en este juicio de valoraciones, con lo cual, si hay algo defendible en mí prefiero que sean otros quiénes lo hagan.

Pronto se cumplirá un año desde que comencé en esta andadura; se dice pronto. Un año en el que no he dejado de aporrear las teclas de mi maltrecho compañero durante interminables noches. Sin sentido —la mayoría—, coherentes —en escasas—. Durante todo este tiempo mi único afán ha sido el de robar tristezas, remordimientos, alegrías, dudas, deseos, pasiones, llantos… Todos me han pertenecido por instantes hasta que han dejado de ser míos al escribirlos. Ahora volverán a ser de sus dueñas. ¿Qué opinión merecerán cuando los lean? En realidad no lo pienso demasiado, porque el hecho de haberme transformado en Leo durante un largo año, cumple de sobra con las expectativas. Puedo decir que he sido cada una de ellas y todas a la vez —sobre todo he sido yo—. Me he sentido atrapada en infinidad de ocasiones sin saber si continuar sería lo correcto —pero tras unos días de incertidumbre retomaba la labor— impulsada tal vez por la  necesidad de desahogarme, de que las pieles de las que me había cubierto sudaran el dolor, desprendiendo un olor fétido. He sido y soy caprichosa porque se me antojó jugar con algo tan sagrado como los sentimientos ajenos. Desde aquí pido disculpas. Sin contar con que los caprichos casi me hacen perder  mi mano derecha, —mi marido— y que de habérmela amputado no hubiera sido posible terminar.

Confieso que al comienzo sentí pánico y me mantuve al margen, como una lectora más, hasta que adopté la primera persona para sentir con mayor fuerza los embistes. Debo decir que algunos se me atragantaron y las manos se me entumieron, incapaces de teclear las letras que iban componiendo tanto desgarro emocional. Pero tras esta lucha, hoy puedo dar por terminada la experiencia.

GRACIAS AMIGAS MÍAS.

AFECTOS

AMOR

«En asuntos de amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca».

                                                                                  Jacinto Benavente.

«El amor es invisible y entra y sale por donde quiere sin que nadie le pida cuenta de sus hechos».

                                                                                  Miguel de Cervantes.

«El amor es el olvido del yo».

                                                                                  Henri Frédéric Amiel.

«Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos».

                                                                                  Bertrand Russell.

«Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes de la finalidad de tu amor».

                                                                                  Amado Nervo.

AMISTAD

Antonio Gala: «La amistad se parece mucho al amor; alguna vez he dicho que el amor es una amistad íntima con momentos eróticos». Llega como un flechazo: «Ves a alguien y sabes que va a ser tu amigo, y se va haciendo imprescindible; si no tenemos ese trato no respiramos del todo bien» «La amistad es como un descubrimiento que uno se hace para que lo vea el otro. Y además, a veces, sirve para que nos conozcamos mejor viendo cómo nos ve el ojo del amigo».

                                   Cruz J. (15 de marzo de 2009). Y sin embargo, amigos. El País.

«La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas».

                                                                                  Aristóteles.

«La buena y verdadera amistad no debe ser sospechosa en nada».

                                                                                  Miguel de Cervantes.

«Tómate tu tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo».

                                                                                  Benjamín Franklin.

«La amistad pura sabe de placeres que nunca podrán gozar las almas mediocres».

                                                                                  Jean de la Bruyère.

«Un amigo es un regalo que uno mismo se da».

                                                                                  Robert Louis Stevenson.

AMOR Y AMISTAD

«Lo que hace indisoluble a las amistades y dobla su encanto, es un sentimiento que le falta al amor; la certeza».

Honoré Balzac.

«Estoy enamorado de la amistad».

                                                                                  Montesquieu.

«La amistad es siempre provechosa, pero el amor algunas veces es perjudicial».

                                                                                  Séneca.

«La amistad es el amor pero sin alas».

                                                                                  Lord Byron.

«El amor nunca aspira a ser agradecido ni compadecido, sino correspondido con amor. Otorgar amistad a quien brinda su amor es como darle pan a quien tiene sed».

Antonio Gala.

AGRADECIMIENTOS

Una vez más a todas aquellas personas que con su silencio y mis ausencias se han mantenido a mi lado.

            A esas horas de café matutino que han hecho posible este libro: ¡POR VOSOTRAS!

 

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