Reseña.

Buenos días, hoy os escribo la reseña de un libro que su autor, José Luís Fernández Juan, muy amablemente, me ha pedido que haga: Pinceladas de Armonía.con. En primer lugar, agradecerle que me haya enviado el libro para su lectura y posterior crítica. —Pudiendo suprimir el término; crítica, por el de;  recensión, debido al lenguaje literario que usa el autor—.  Empecemos por ahí:

            Esa prosa poética y la retórica verbal —excesiva para mi gusto—, han hecho que tuviera que hacer varios intentos para poder terminarla. El estilo literario en el que está escrita, lo comparo con el estilo churrigueresco —extravagancia—, si estuviéramos hablando de arquitectura. En mi humilde opinión, el uso frecuente de términos, generalmente poco conocidos, hacen la lectura ciertamente pesada: Ataraxis, petiza, espelunca, trome, taheña, parascevedecatriafobias —miedo irracional al viernes 13—… entre otros muchos, obligan al lector a disponer de diccionario en mano para llegar a entender lo que nos quiere decir: «La cadencia de las melodías de las aves gallináceas cultivará tersuras agrarias en los matorrales cinegéticos», «Vaguear por el huso del decir corrige la plétora del antojo», «Me lo llevo con sabor a brisa salmón —sentenció Omara con viajes sinestésicos, (condición que puede darse en un individuo que es capaz de oír colores, de ver sonidos o de apreciar texturas cuando saborea algo)», la conversación versaba sobre la figura del octaedro. Y tantas otras…

            La reiterada utilización de figuras retóricas, véase el ejemplo: Ana Diplosis — doctora—, sufre de anadiplosis —su propio nombre lo indica—, (que es la repetición de la misma palabra dos veces en dos versos…). No os voy a aburrir con la definición, mejor lo vemos con una muestra: «Todo es muy fridiano. Fridiano de verdad» o «Empiezas tú, que ahora vuelvo yo. Yo vuelvo ahora que tú empiezas». También es significativo señalar el intercambio de sílabas: «El caso Doroteo no era fácil de dictaminar». Aclaro; no hay ningún Doroteo sino Teodoro. Lo que origina un anagrama (palabra o frase obtenida mediante la trasposición de las letras de otra palabra o frase). O tal vez, a una disortopografía debido a su cambio de personalidad (un 2 x 1). Y suma y sigue…

            Así que, por esta regla de tres, no puedo decir que haya sido una lectura fluida, atrayente y amena. Siento como si el autor, hubiera querido reflejar su extenso y culto vocabulario, junto con el dominio que tiene del lenguaje literario —similar al lenguaje culto— para crear un universo de fantasía llamado Harmonía. A mi juicio, la utilización de un lenguaje más popular —que no vulgar—, le hubiera servido para darle ligereza, sencillez y comprensibilidad a la obra.

            Por otro lado, la lección de humildad, reconocimiento y perseverancia de los protagonistas de las diversas historias que cuenta es lo único salvable.

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