ESQUELAS.

                       «Aquí descansa

                        SATURNINA SANCHEZ ARJONA

                       1934-1989

                              Tu esposo e hijos no te olvidan».

                        «LIBORIO MARTINEZ CORRAL

                              Siempre en nuestros corazones».

                        «QUERERTE HA SIDO FÁCIL

                          OLVIDARETE ES IMPOSIBLE.

                         Tu familia.

            Aquel angosto pasillo me llevaba cada día a lo que venía siendo mi punto y final desde hacía ocho meses y medio. Había logrado memorizar cada dedicatoria o recordatorio de cada una de ellas. Pero de entre todas ellas, había una que me llamaba especialmente la atención y no podía por menos que dedicarle unos minutos de mi desesperante vida.

 

                        «MARÍA

                          80 años vividos pero no disfrutados».

            Me preguntaba si habría sido su última voluntad el de ser identificada de aquella forma tan peculiar, o bien de que la idea hubiera  surgido  de alguien que reconociéndolo, finalmente,  pusiese  tal inscripción. Mi cabeza comenzaba a elucubrar historias diversas. ¿Sería alguna la suya?:

            «Nunca amó o lo que aún es peor; nunca la amaron. Un amor correspondido en determinadas y escasas ocasiones. Interesado y hedonista. Pernoctando en una cárcel de emociones robadas. Exigiendo a no sentir más allá de un tiempo  -que era  limitado-,  y con unas normas preestablecidas. Arrancándose la piel en cada minuto, haciendo jirones al alma para después coserla con sutiles y diminutas puntadas. Delicada y minuciosa labor a la que se entregaba sumisa. No, no era feliz…»

           

            En una ocasión se me ocurrió  que su historia podía ser la de una mujer…

            «Aquella tarde, para su desgracia, había subido contento del bar de la esquina. Aunque si lo pensaba, detenidamente, el estado de ánimo de él interfería muy poco en lo que ella deseara. En cualquiera de los casos, iba a imponer su voluntad sobre todas las cosas a base de golpes. Él todo lo solucionaba así.

            »Aún no se había recuperado de la paliza que la había dejado como muñeca rota y desarticulada cuando oyó la puerta abrirse y encontrarse de nuevo con su verdugo de nupcias:” Hasta que la muerte os separe…”

            »¡Doce asquerosos años llevaba soportando aquella maldita promesa! Agarró fuertemente el cuchillo, encarando a la bestia que se le venía encima con el puño levantado y los ojos inyectados en sangre… En unos segundos todo había terminado. ¡Al fin la frase tenía un sentido para ella! No, no era feliz…»

 

            En una tarde como la de hoy, pienso que su historia puede ser la mía. ¡Ojalá me equivoque! Porque no hay dolor más grande que el que siento yo ahora mismo y que sé me perseguirá hasta mi último aliento de vida:

            «Aquella noche me había ido a dormir. Siempre la esperaba despierta, sentada en el sillón, al lado de la ventana. Pero aquella noche, no sé por qué, me fui a la cama. Mi marido dormía plácidamente. Contagiándome, me abandoné en  un sueño profundo sin imaginarme que al despertar iba a vivir mi gran pesadilla. El teléfono de casa estaba sonando, encendí la luz de la lámpara de la mesita de noche y miré la hora en el reloj: ¡Las dos y media de la madrugada! De un salto salí de la cama y a trompicones pude llegar a una habitación vacía… ¡Natalia! -grité mientras descolgaba el teléfono, sabiendo lo que me iba a contar la persona que se encontraba al otro lado.

          »No pude despedirme. Los últimos minutos en los que mi hija agonizaba, en medio de una calle, próxima a la nuestra, los dediqué a vestirme. Aún me pregunto por qué malgasté de esa forma el tiempo y no lo aproveché  para estar con ella.¡ Seguramente echaría en falta a su madre entre tanta gente extraña! ¡Cogerla entre mis brazos sabiendo que va a ser la última vez que lo haga! ¡Mirarla a los ojos y decirle que mamá está aquí! ¡No me puedes dejar cariño, así no, mi niña, mi niña, mi niña…! ¡No quiero desprenderme de su cuerpo! ¡Es mi niña!  ¡No quiero que se la lleven, ¡Es mi niña! Veo cómo se alejan con ella   -mientras dos personas me ayudan a ponerme en pie-  sin saber que lo que se están llevando es mi vida».

 

                        «NATALIA PÉREZ CORREA

                    Siempre serás la luz de nuestras vidas».

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s